Paseo con Rilke y Jennifer López por Tlatelolco

17 Jan

Crecen la hostilidad y los regímenes de exclusión por todo el mundo.  A ratos se hace más difícil soñar en un futuro mejor.  Una mañana durante mi última visita a Ciudad México, paseando por Tlatelolco, esta resignación me avasalló sumergiéndome en esa desolación que evocara el poeta bohemio-austríaco Rainer María Rilke en sus famosas elegías de Duino.

Hay frases enigmáticas que se quedan con uno desde la primera vez que son escuchadas o leídas para siempre.  El quincuagésimo tercero verso de la primera elegía de Rilke, “el permanecer está en ninguna parte” es una de esas frases.  La sensación de desolación es aún más impresionante en su traducción al inglés: there’s no place where we can remain.  Solo puedo imaginar lo impactante que debe ser en el original, en alemán: denn bleiben ist nirgends.  Un susurro de seis sílabas directo al corazón nos recuerda que, por más que nos afanemos en busca de la libertad, el amor o la felicidad, la vida humana es dura en todas partes y que hay muy poco que disfrutar.  En boca de uno de sus personajes, Charlotte Brontë expresó el fenómeno de la maldición errante en estos términos: “siempre acontece así la vida.  Tan pronto como te has instalado en un agradable lugar de descanso, una voz te llama a levantarte y a seguir adelante porque la hora del reposo ya ha expirado.”

En diversos modos, una visita a Tlatelolco pone en relieve esta triste realidad.  Justo al entrar a la Plaza de las Tres Culturas, me entretuve contemplando la coexistencia de las culturas azteca, hispánica y mestiza según lo demuestra el enlace arquitectónico de las construcciones que allí yacen.  No hay piedra muda allí. Después de un rato, me invadió la tristeza de la conciencia histórica, el saber que precisamente en este lugar en 1968, bajo las ráfagas de ametralladoras, fueron asesinados un sinnúmero de mujeres y hombres que enfrentaron al estado en el afán por ejercer su ciudadanía a plenitud y exigir justicia social.  Como Rilke, creí llegar hasta mí el murmullo de aquellos que murieron demasiado temprano, personas cuyo destino colectivo era dar testimonio de una verdad: estamos jodidos por todas partes.

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Plaza de las Tres Culturas, foto por Juan R. Valdez

Asombrosamente para mí aquel día, lo que más me llamó la atención, lo que más me hizo caer en el desamparo total, el signo de exclamación al final del verso de Rilke, fue el cartel de publicidad con la imagen de Jennifer López que colgaba del lado de una alta torre, un prominente caserío de la colonia.  Dicho cartel persigue al paseante a cada rincón, prometiendo alegría y mil cosas más.

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Plaza de las Tres Culturas, foto por Juan R. Valdez

El cartel con J.Lo interrumpía y condicionaba casi todo en aquel espacio, sacándome del diálogo con los muertos, reinsertándome en la realidad cotidiana y susurrando: “apúrate, sal de allí, salte de ti mismo; entra a un café, un bar, busca a los vivos, métete en una red social, abandona lo que ahora haces, olvida (lo que afirmara Monsiváis) que todo desciende y se incorpora a la tierra, ve a ser feliz, consume algo pronto y todo irá mucho mejor.”

Naturalmente, los grandes crímenes como las masacres propiciadas por el estado nos llenan de horror e indignación y nos proporcionan perspectiva con respecto quiénes ganan y quiénes pierden en las luchas por el poder, quiénes conspiran para que reine el silencio y quiénes son las verdaderas valientes que se interponen al olvido.  Indudablemente, el descubrimiento de los grandes crímenes tiene importantes ramificaciones sociales.  Pero hay que comprender, sin imitar los virtuosismos malcriados de Žižek, que corremos mucho peligro al enfocarnos solo en la violencia de agentes sociales fácilmente identificables.  No menos consecuentes son los pequeños crímenes de la vida cotidiana.  Me refiero a esos actos en que precisamente alguien se aprovecha de la invisibilidad de los más vulnerados, en que alguien se beneficia de lo proclive que somos al olvido y de lo fácil que nos seduce el status quo o la indiferencia.

En la burbuja del progresismo neoliberal estadounidense mejor conocida como Williamsburg, Brooklyn, fui testigo de otra escena de desplazamiento físico y despojo espiritual.  Una mañana calurosa del pasado agosto, rumbo a la orilla del East River, pude observar como unos fotógrafos y su modelo le arrebataban el sueño profundo a uno de esos seres típicamente invisibles, a un pobre viejo, al cual le permiten dormir al lado de una de las discotecas del barrio.  Por cuestión de seguridad, las personas sin techo se turnan para dormir, si están en pareja o en grupo, o, si andan solos, duermen de día.  El modelo con su cool atuendo de otoño posaba justo a medio metro de distancia del señor en calzoncillos.  Les importaba un bledo el derecho de aquel pobre hombre a descansar, a dormir un rato a la intemperie en un rincón sin que nadie fuera a molestarlo.  Más urgente era la tarea de crear el perfecto retrato hípster, el arquetipo de la ironía, la mejor pose cosmopolita.  Para calmar la ira de aquel hombre le ofrecieron una pizza, como si ese objeto mágicamente le devolviera la dignidad.

Los que hemos sido maldecidos con visión periférica y el síndrome de los pies inquietos podemos reconocer a estos seres invisibles.  Y nuestros radares casi nunca dejan de detectar estos actos de despojo que se cometen en cualquier momento, ya sea en el Quartier Latin de Paris, en Tlatelololco, en Hollywood, en el viejo San Juan, en cualquier rincón de cualquier ciudad.  ¿Cómo poder disimular las profundas contradicciones de nuestras sociedades?  ¿Cómo afrontar el despojo físico y espiritual?

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Sunset Boulevard, Hollywood, foto por Juan R. Valdez

Denn bleiben ist nirgends.  Por más que nos ocupemos de nuestro trabajo, intentemos encontrar nuestro lugar en el mundo, imaginar el mejor mundo posible, resistir o simplemente retirarnos para poder descansar, tarde o temprano, las mismas corrientes que nos dan vida igual nos desplazan.

Por un lado, está esa maquinaria capitalista tirando y jalando de nosotros a su antojo, como si fuéramos títeres.  Por otro lado, está el deseo—ese misterio o ensamblaje bioquímico que nos obliga a la actividad, que nos motoriza o nos lleva al punto del desasosiego creyendo que poco a poco o de repente alcanzaremos un equilibrio o, mejor aún, la saciedad.  En aras de producir los objetos, las substancias, las máquinas y los procesos que sostienen la vida, la conspiración del deseo desencadenado y el consumismo imparable se apodera de la voluntad que nos queda y devora nuestras mejores horas, las horas en que estamos más alertas y enérgicos.  Mejor que nadie, las oligarquías financieras entienden este fenómeno y con la colaboración de publicistas (los poetas y artistas de tiempos pasados) derivan grandes beneficios de este conocimiento que se ejerce como poder sobre las masas.  Medio distraídos o auto-engañados, muchos de nosotros desperdiciamos nuestros días estancados en el aburrimiento o transformando nuestros propios cuerpos en vehículos de publicidad; con cada clic, engrasando las ruedas del comercio, engordando las cuentas bancarias de los emprendedores ricos, gente que casi no duerme.

¿Qué me conduce a estas reflexiones?  ¿Mis lecturas  de Bauman, de Bifo Berardi, de Byung-Chul Han?  ¿Me arrastra el torbellino de la duda o el impulso del rebelde criticón? como preguntaría Alfonso Reyes.  Posiblemente sea una mezcla de estas actividades y condiciones pero una cosa debe quedar clara.  Este ensayo no trata de invalidar la trascendental misión de los queridos compañeros que mantienen vivo el sueño de Prometeo.  Después de todo, me encontraba en México gracias al gesto cariñoso del brillante utopista mexicano Rafael Mondragón, quien me invitó y me acogió en su tierra para dialogar con sus colegas, compañeras y alumnos.

Igual, es imprescindible distinguir entre los utopistas que trabajan asiduamente en la construcción del mejor mundo posible y los oportunistas que a ratos izan la bandera de la solidaridad en sus muros mientras detrás se dedican a inflar su índice de capital (simbólico), al tráfico de influencias y a cultivar la ilusión del éxito mediante el figureo, como decimos en el Caribe.  Celebro y aplaudo a todos los utopistas que avanzan la causa del amor como fuerza revolucionaria.  Con mayor motivo, los animo a considerar el acto de rebeldía de los caminantes anónimos.  Los animo a caminar juntos de vez en cuando, a explorar la igualmente revolucionaria práctica del incesante andar para contar a los seres invisibles, para intercambiar gestos de solidaridad por el camino, a la luz del sol o en el espacio infinito de la noche.

Entonces ¿cómo afrontar el terror de no poder permanecer?  Creo que ante esta cuestión, todos los poetas al aire libre se pusieron de acuerdo: walking around.  ¡Caminando!  Caminar no para hacer ejercicio sino, como testificarían Thoureau y Rilke: para incorporar la energía de los días soleados, para enfrentar la tristeza de las noches más oscuras, para perderse y entonces conocer a los ángeles terrenales y de ellos aprender cómo ayudar al forastero sin hacerse tardar, sin especular, sin tanto miedo a futuros riesgos, y, más que nada, para convertirnos en sans terre quienes precisamente porque carecen de tierra y de hogar igual se sienten como en casa en todas partes.

 

Beyond Race: The Politics Behind The Current Dominican Crisis

10 Aug

It’s surprising to see how many people are paying attention to the current crisis in the Dominican Republic concerning, among other things, the status of Dominicans of Haitian descent who are accused of being illegal immigrants in their own country and now are threatened with deportation. We usually make the news only after a catastrophe has struck our island.  But here we are now on the world stage as a result of a 2013 court ruling, which, if implemented by the Dominican government, strips hundreds of thousands of people of their citizenship and threatens them with deportation.  Internationally and in the media, the situation that Dominico-Haitians and Haitian immigrants find themselves in is mostly attributed to Dominicans’ purportedly racist attitudes.  Yes, but race is only one factor.   Here is another perspective.

While many issues are being lumped together, people either forget or ignore that the current crisis is also the result of how power gets exercised in Dominican society.  The daily display of power and influence is instrumental to the functions of Dominican politicians and the socioeconomic elites they cater to.

Representing constituents, modernizing and organizing their society,  and ensuring equal access to the resources of the state often take a back seat to amassing and showing off personal wealth, measured in terms of the number of lavish houses, cars, and bank accounts owned.  Another measure of this power is the number of people that many of these show-offs get to order around or humiliate with their tongue-lashings.   Many of us who grew there are well acquainted with these dictatorial personalities and their antics.  Sadly, these practices get validated in popular culture when instead of questioning the corrupt means of personal enrichment and abuses of power, people celebrate it and reproduce it in their daily lives.

But also, politicians’ fortunes hinge on their ability to fan the flames of confusion, blind hatred, and nationalism.  Playing the Haitian card is always politically profitable.

One of the best examples of this particular use of power practice goes back to the days of the dictator Rafael L. Trujillo (of Haitian descent).  The dictator had personally profited from the cheap labor Haitian migrant workers in the Dominican Republic.  Despite the collaboration of his Haitian counterpart in these migratory-economic arrangements, Dominican opposition leaders and conspirators had found refuge in Haiti.  One day, after a night of debauchery and under the pretext of putting a stop to livestock theft by Haitians along the border, Trujillo decided it was time to brutally cleanse Dominican society of Haitian immigrants and Dominicans of Haitian descent.  This was his way of crushing dissent and displaying the unquestionable power of his regime.

The current regime has been in power for most of the last twenty years, controlling the executive branch, the legislature, the courts, and the media.  It owes its initial hold on power to a 1996 pact between the two former political enemies.  Joaquín Balaguer and Juan Bosch (both now deceased) put their bitter differences aside and anointed former president Leonel Fernández as their heir, under the mantle of neoliberal reforms and a movement called Frente Patriótico Nacional/The National Patriotic Front.  For a while, it seemed that the popular opposition leader, the dark-skinned José Francisco Peña Gómez (of Haitian descent) might win.  But Fernández’s coalition of supporters stirred nationalistic fervor in a racially-charged campaign, questioning Gómez’s national loyalty and origins.  In the second round of elections, Peña Gómez was defeated.  Anti-Haitianism (blaming all the country’s problems on Haitian migration) was effectively utilized in that coalition’s quest for power and control.

The same thing is happening again under the current president Danilo Medina’s watch, but now with the added fear that a potentially new electorate (of Dominico-Haitians with full rights as citizens) may interrupt business as usual.  Indeed, over the last five years, Dominican citizens and ethnic minorities have been demanding more and more rights and accountability from their government.  They have also calling for an end to long-established forms of institutional corruption.  Some politicians have been taken to court.  Yet at each major turn, the government places the “Haitian problem” front and center in its public agenda.

The more Dominicans of all backgrounds express concerns with abuses of power, the human rights of Haitian immigrants, and the inclusion of Dominico-Haitians, the political elites become more grudging about yielding to the masses in the decision-making process.  The issues of Haitian immigrants continues to be strategically employed by those in power to mediate internal political crises, draw attention away from socioeconomic problems, and force citizens to forget institutional failings and misplace their anxieties.

Persuading Dominicans of the fact that the current situation is not a test of their national sovereignty will be difficult.  In a small island, nationalism is a daily practice that easily erases our connections to the international communities.  But we must insist that the current crisis concerns a critical political problem of grave humanitarian consequences.  In dialogue, we must continue to explore ways of voicing our dissent and helping to create a more inclusive Dominican society where citizens and human rights are not easily trampled on by the rich and powerful.

Published in the Haitian Times on  August 4, 2015

http://haitiantimes.com/op-ed-beyond-race-the-politics-behind-the-current-dominican-crisis-12224/

FIELD NOTES

5 Jan

HAITI: So many things jump up at you on a trip to Haiti, ranging from the miseries of destruction and the results of bondage to the amazing life skills, will to freedom, and creativity of people on the ground. These pictures are from my recent trip there to participate in the Haitian Studies Association Conference where I spoke about the linguistic and racial representations of Haitians and Haitian-Dominicans in the Dominican Republic.  On my day off, I joined a fascinating tour of the arts in Port-au-Prince during which I had the opportunity to visit different parts of the city and meet people. I will not look for words to describe all the sensations evoked by the sights. These are some of the images I captured, or rather, images that captured me.

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TEACHING

26 Sep

MY TEACHING PHILOSOPHY is the result of diverse formative experiences in the classroom, my commitment to intellectual inquiry, and the influences of my most admired teachers. I come from a tradition in which teaching and learning are closely associated with an effort to know and a labor of love. I strive to create an environment in which students will engage in speaking, listening, questioning, writing, and thinking about socially significant problems and make every effort to meet high standards. 

EXPERIENCE

Queens College, New York, NY, Assistant Professor of Bilingual Education and Educational Linguistics, Department of Elementary & Early Childhood Education, Aug. 2012-present

Stanford University, Stanford, CA, Visiting Scholar, The Department of Iberian & Latin American Cultures, Aug. 2011- Aug. 2012

University of Wyoming, Laramie, WY, Assistant Professor of Spanish, Classical & Modern Languages Dept., Aug. 2009-Aug. 2011

Michigan State University, East Lansing, MI, Visiting Assistant Professor of Hispanic Linguistics, Spanish & Portuguese Dept., Aug.2008-Aug. 2009

Stanford University, Palo Alto, CA, Spanish Lecturer, Language Center, Sept. 2005-Jun. 2006

New York University, New York, NY, Adjunct Instructor, Dept. of Spanish and Portuguese Languages and Literatures, Sept. 2004-Jun. 2005

The New School, New York, NY, Instructor, Dept. of Modern Languages, Sept. 2004-Dec. 2004

The City College, The City University of New York, New York, NY, Adjunct Lecturer, Childhood Education Dept., Jan. 2003-Jun. 2004

LaGuardia Community College, The City University of New York, Long Island City, NY, Adjunct Lecturer, Humanities Dept., Sept. 2003-Dec. 2003; Jun. 2005-Aug. 2005

New York City Public Schools, New York and Bronx, NY, Early Childhood Education Bilingual Teacher, Sept. 1995-Jun. 2001

RESEARCH

26 Sep

In my current project, I analyze the linguistic construction of borders (political and social) of the two nation-states that share the Caribbean island of Hispaniola (Haiti and the Dominican Republic). The border zone is of special interest because it is a vibrant and fluid site of ethnic and linguistic mixing but it is also where the state’s most systematic attempts at ethnic cleansing and linguistic homogenization have occurred. Straddling disciplines such as linguistic anthropology, history, and the sociology of language, I apply the analytical tools from research on metalinguistic discourse and language ideologies and insights from border studies. The overarching goal of the project is a profound study of the nature and the effects of discursive violence in a postcolonial world. My work has received financial support from:

Queens College’s Immigration Studies Research Group (2013)

The PSC-CUNY Grant (2013)

The National Endowment for the Humanities (2012)

The Berlin Institute of Ibero-American Studies (2012)

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The Masacre river brings together the transnational cities of Dajabón and Ouanaminthe in the Northern Haitian-Dominican border. It has also been the site of colonial and postcolonial genocides.

University of Wyoming Social Justice Network Grant (2010)